Eran viejos pero por décimo año consecutivo prometí que participarían conmigo en la carrera San Silvestre Salmantina. El tiempo había hecho mella en sus presencias y sé que más de uno hubiese apostado porque no concluirían la prueba. Incluso mis propios compañeros de carrera, conociendo la historia que detrás escondían, se extrañaron. Acuérdate de la rotura que tuvieron el año pasado, me advirtió Mario. El esfuerzo que te supuso llegar con ellos, recordó Javier. Resistirán, les dije, siempre que mantengamos el ritmo de otros años. Cuando les di la noticia a mis abuelos maternos asintieron emocionados. Ellos fueron los primeros de mi familia que participaron en esta carrera año tras año y la práctica generacional se había convertido en una herencia intangible. Por eso me hacía especial ilusión seguir llevando los cordones de las últimas zapatillas con las que ellos llegaron a la meta. Si corrían conmigo, seguirían corriendo ellos.