Salí tan pronto como pude del bar. Y seguí corriendo, hasta que perdí de vista a los circunspectos parroquianos que no toleraban que nadie cambiara su disco de reggeaton. Afortunadamente, de un tiempo a esta parte corro, y mucho, 4 veces a la semana, así que no me costó darles esquinazo. Y entré, claro está, a otro bar, a hidratarme. ¡Tampoco! Nada, no me gustó la música y propuse cambiarla… quizá la educación no sea lo mío. O que tenga los brazos largos y llegue siempre al aparato de música. Así que otra vez a correr. Tengo que salir menos de bares. No es normal, salir 4 noches a la semana. Tengo que empezar a cuidarme más.