Denoto movimientos alrededor, MarÃa anda loca buscando su dorsal, teme haberlo perdido y reclama a su nueva pareja que aligere al calzarse las zapatillas o llegarán tan tarde que no dispondrán de apenas tiempo para el precalentamiento. Es entonces cuando la melancolÃa me embarga y saboreo los preparativos previos a cada carrera, el disfrute del roce de las zapatillas sobre el asfalto, el frescor del viento en la piel a cada paso, cierro los ojos e intento correr, pero me doy de bruces con las paredes de este espacio sombrÃo y reducido. De cara al año que viene, le solicitaré en alguno de sus sueños nocturnos, que para el dÃa de la san silvestre salmantina, deje la tapadera entreabierta de la cajita en la que ando custodiado, las cenizas con solo un soplo de viento podemos llegar bien lejos.