CONDUCTOR BORRACHO
Encontrarse allà y sentir las mariposas en el estómago era una sensación única, le encantaba, pero aquella San Silvestre Salmantina serÃa especial, su hijo Alejandro la correrÃa por primera vez tras el accidente.
Era el momento y lo miró con orgullo de padre. Se guiñaron el ojo cómplices.
-Te echo una carrera abuelete –le lazó el reto con desvergüenza.
-Nos vemos en la meta -le contestó justo en el momento en que sonaba el pistoletazo de salida.
Ambos disfrutaron el uno del otro, el invierno salmantino te regala las ganas de correr en un entorno cuyo recorrido es evocador y hermoso.
El camino recorrido habÃa sido duro, miles de horas de rehabilitación en las que habÃan trabajado, sufrido y llorado juntos, Alejandro como paciente, su padre como fisioterapeuta. HabÃan logrado eludir las ruedas de por vida, y aunque sus tiempos fueron alejados del primer clasificado ambos se sentÃan vencedores.