27 DE DICIEMBRE DE 2026

Después de participar en todas sus ediciones conocía tan bien cada rincón de Salamanca que apenas necesitaba la poca vista que le quedaba, pero cuando la línea de meta apareció ante Miguel, el peso de sus 70 años acabó por manifestarse del todo en sus piernas quedándose clavado en el sitio sin poder moverse. Los últimos participantes de la carrera entre los que se encontraba empezaron a pasarle dejándolo inevitablemente en la última posición, pero la clasificación no le importaba. Lo que le dolía era no poder terminar por primera vez la maratón y aceptar como nunca había hecho que hay cosas que no podía hacer. Entonces un corredor que le había visto volvió atrás y sin decir nada se ofreció de apoyo y le ayudó a caminar hasta que acabaron cruzando juntos la meta. Ese día Miguel perdió la confianza en sí mismo, pero la encontró en los demás.