El escritor leyó algunos relatos, presentes y pasados, con el único propósito de inspirarse. El último mes las musas habÃan estado ocupadas en otros paraderos y a él no se le ocurrÃa nada, al menos nada merecedor de un premio. Aguantó casi una hora, hasta que, desesperado, abandonó la empresa. Todos los escritos le parecieron insulsos, o ñoños, o flojos. Algunos incluso estaban mal escritos, algo que él no podÃa perdonar en un concurso literario. Abundaban los enfermos, las sillas de ruedas, los iluminados a los que le cambiaba la vida después de participar en la carrera. Totalmente desmotivado decidió abandonar. Miró hacia la cama cercana, contemplo el dorsal que habrÃa de usar al dÃa siguiente en la famosa San Silvestre Salmantina y sonrió, al imaginarse que, una vez vivida la experiencia, quizá el próximo año podrÃa escribir el relato ganador.