27 DE DICIEMBRE DE 2026

Tras casi un kilómetro, Ignacio se sentía desfallecer. El cáncer, voraz, lo había apartado de todo y de todos, a punto de morir. Y por eso estaba allí, para disfrutar otra vez de la vida y de una nueva oportunidad. Entre seres anónimos y rostros fugaces, entre el gentío y la algarabía; entre las sonrisas y aplausos, y porque se lo había prometido a Remedios, su mujer.

–Sé que puedes… –, sonó una voz, contundente y cercana. Pero cuando Ignacio se hizo a un lado, descubrió que estaba solo, con estupor. Sólo un corredor a una decena de metros seguía sus pasos, ensimismado.

–Ya casi estás –. Esta vez con autoridad. De nuevo, no había nadie.

Exhausto, Ignacio cruzó la meta, comprendiendo que tanto en la carrera como en la vida nunca había estado solo, acompañándole siempre sus ganas y su poder de convicción.