27 DE DICIEMBRE DE 2026

Por fin aquel año se subiría al podio. Su esfuerzo sería recompensado. Llevaba meses entrenando, preparándose para la San Silvestre de su ciudad. Se hallaba a escasos metros de la línea de meta cuando la pierna le falló. Cayó de bruces al suelo, incapaz de continuar.
Comenzó a mentalizarse de que había perdido la carrera otro año más. Pero entonces, la grata sorpresa lo alcanzó. El segundo corredor, que podría haber aprovechado su tropiezo para hacerse con la victoria, se paró y le ayudó a levantarse. Juntos, cada uno con el brazo por encima del del otro, cruzaron la meta.
Tras esta muestra de cooperación y espíritu deportivo, los dos finalistas se marcharon, cada uno con su medalla (la de uno de oro y la del otro de plata), y compartieron las doce uvas para celebrar juntos la llegada del nuevo año.