Le dije a Juan que le llevarÃa conmigo en la próxima San Silvestre. ArrancarÃamos juntos desde el Paseo de San Antonio, circunvalando glorietas, plazas, avenidas. GanarÃamos velocidad sobre el adoquinado del Puente Romano, con la ClerecÃa a lo lejos rompiendo el cielo azul y el Tormes discurriendo apenas como un riachuelo bajo nuestros pasos enérgicos y metódicos. ArrasarÃamos por las calles, dejando atrás otros dorsales y sudores y empujarÃamos todo el cansancio apelmazado con nuestras ganas hasta la llegada a meta.
Todo eso le prometà a mi viejo amigo. No sabÃa ni por asomo que serÃa él quien me llevara a mà después del trasplante.
Bombeo fuerte. Bombeo, rojo, vivo.
Me siente y le siento tan cerca, que esta carrera la vamos a ganar.