Ya llegó aquel día. No pude evitar mirar a mi hermana, miles de personas la iban a ver correr en San Silvestre Salmantina. Pero me preocupaba el rostro de mi padre hacia ella. La había entrenado muy duro, solo para no defraudar a su padre. Comenzó la carrera, y a mi padre se le iluminó la cara al ver la posición de su hija, nada la iba a parar. Hasta que le vino su problema del corazón. Mi padre soltó gritos de furia. Ella cayó al suelo y lloró. Jamás había visto a mi padre tan enfadado, fue corriendo hasta ella. Vio que estaba destrozada por su enfermedad, la miró a la cara, y la abrazó justo antes de llamar a la ambulancia.