27 DE DICIEMBRE DE 2026

Pilar se ve cruzando el Paseo del Rollo como una auténtica exhalación. La aplicación de su móvil le indica que ha bajado quince segundos respecto al kilómetro anterior. Tiene sed, pero sabe que beber otra vez puede hacerle perder unos preciosos segundos. Nota cómo el frío va mojándole las mallas, adheriéndose a su cuerpo como un órgano más. El esfuerzo la mantiene concentrada, ajena al ruido y los colores de la carrera. Ya no le duele nada, ni siquiera las cicatrices que le dejó el mal recuerdo de un domingo lluvioso volviendo de Béjar.

Apaga la radio como si pudiera apagar sus recuerdos. Sería la quinta vez que correría la San Silvestre. Ojalá el año que viene pueda hacerlo, aunque sea volando sobre su silla de ruedas.