Mis ojos se fijaron en los tuyos cuando me ayudaste a levantar, tras mi caÃda al pasar por el Toscano. LlovÃa y la carrera se complicaba. Tu mano firme me metió de nuevo en la competición. Te perdà de vista. Te busqué y no te encontré en el Parque de los Jesuitas tras la carrera. Era el 26 de diciembre de 2012.
El año siguiente volvimos a coincidir, esta vez en el Puente Romano. Necesitabas unos cordones y yo te presté los que llevaba de repuesto. Tu sonrisa al reencontrarnos jamás la olvidaré.
El sábado te pregunté por qué los llevabas puestos, si son de color rosa chicle y no pegan. Con la felicidad combinan, me dijiste. Era nuestra boda.