Percibir el bombeo de la sangre en mi pecho y en el cuello; percibirlo cada vez que alzas una de tus piernas, que la postras con energÃa contra el suelo. Correr y, cada vez que avanzas y avanzas, tomas aire. Los labios abiertos de par en par, el sudor resbalando por la barbilla, el sonido de la respiración clavándose en los oÃdos. Correr, sentir que tu cuerpo no tiene lÃmites, sentir que, con cada metro que avanzas, estás convirtiéndote en un humano diferente. Más seguro de sà mismo. Más poderoso.
Correr, correr… y correr.