27 DE DICIEMBRE DE 2026

El viento traslada a su cara el aire como si estuviese vivo, y su hermano empujando la silla con sus ruedas, su medio cuerpo vivo y sus piernas muertas. Pero al viento ¿qué le importa?, si es libre, cruel villano. Y su hermano lo empuja como si quisiera sanarle por dentro, intentando que el céfiro y el celeste curen por dentro, sí, por dentro, ofuscado como si las flácidas piernas fuesen suyas. Y el viento galopa con pies por el asfalto, tantos rostros y tantas caras. Y el celeste luce como si lo imperfecto debiera ignorarse. Que tanto le da que tenga piernas o brazos; y resbala, desliza la brisa por su tez y percibe el esfuerzo, el sudor que recorre a su hermano, y sabe, lo sabe, que está carrera es por rabia. Y entre todos corre el asfalto al viento.