¡Ahà está, no la mires, hazte el duro! – piensa Hugo al verla corriendo unos metros por delante de él. Se yergue, hace un esprint y la adelanta, fingiendo que 2250 metros no son nada para él, aunque sà lo son. La última vez que tuvo que correr fue en clase de Educación FÃsica, y fingió una torcedura de tobillo para escaquearse. Pero la necesidad agudiza el ingenio, y merecerá la pena, si asà logra que Paola se fije en él. ¡Lo que tiene que hacer uno por amor! Lleva ya dos kilómetros, le queda solo el pico, y ya siente como el corazón le palpita en la sien, casi igual de rápido que cuando la conoció, el primer dÃa de clase. Doscientos…¡Doscientos cincuenta! ¡Lo he conseguido! ¡Guau, qué subidón! Oye, pues me ha gustado, no está tan mal esto de correr, voy a darle una oportunidad.