Nunca fue muy constante en sus propósitos hasta esa frÃa noche de febrero, tirado en el suelo, dolorido, intentando entender porque en un segundo pasas de cruzar la calle a salir volando por encima de un coche. También agradeció poder ver sus ojos, los de sus pequeños, los de ella, -gracias- repitió una y otra vez.
Camino al Hospital supo entender que no hay que perder tiempo, quizás no haya una segunda oportunidad, se acordó de su amigo Javi, -no dejes de correr- le decÃa. Sin duda no recuerda una sensación tan placentera como el dÃa que finalizo sus primeros 21 kilómetros de entreno. De acuerdo amigo, como siempre hablamos: nos veremos en Salamanca, vamos a la San Silvestre.
Hay algo mágico en esta ciudad, no te temo Cuesta de Oviedo, solo temo no poder correr, no poder verte Salamanca, no poder buscaros en la meta, recuerda vivir… ¡CORRE!