27 DE DICIEMBRE DE 2026

Desde que la mujer de mis sueños apareció por primera vez entre el público de la San Silvestre Salmantina, mi cita anual con el esfuerzo ya no está reñida con la compostura. Por supuesto que mantengo la tensión de las grandes competiciones antes de comenzar la carrera, el respeto ante la concentración de mis compañeros…, la tentación de imaginarlos tras mi dorsal diez kilómetros después. Pero, incluso desde el pleno esfuerzo, evitaré que mi fina estampa de corredor elegante sea malograda por polvo traidor o viento traicionero y, aun cuando, pasado el Puente Romano, el aliento comience a flaquear, conservaré la fuerza necesaria para erguirme enhiesto cerca de la meta y guardaré un par de suspiros por si ella me vuelve a aplaudir.