Corriendo como jamás lo habÃa hecho en la vida, doblé aquellas calles de Salamanca que tanto me habÃan visto correr. TenÃa escrito en la memoria todo el recorrido. El asfalto me conocÃa bien y yo conocÃa cada rincón, cada esquina,cada punto crÃtico en el trayecto. No podÃa desfallecer esta vez. No podÃa dejarme alcanzar. Avancé de lleno hacia la marabunta de corredores con sudorosas cintas en la frente. Allà podÃa ser uno más. ParecÃa fácil.No miré atrás. No vacilé. Me jugaba mucho esta vez. Casi sin darme cuenta, sobrepasé una cinta y escuché un clamor y muchos aplausos. ¿Yo? ¿Ganador? ¿HabÃa ganado? ¿La San Silvestre?
Apenas unos segundos de disfrutar las mieles del triunfo les vi. Me habÃan alcanzado. No me pusieron medalla alguna, pero sà las esposas. Para una vez que ganaba algo…