27 DE DICIEMBRE DE 2026

Corredor

El corredor tenía ganas. Esa mañana las levantó con ímpetu, pero con respeto, les enfocó el rostro en el reflejo, les peinó y les dio de beber un vaso de agua.
El corredor se bañó sin que el agua –que todo lo sana y lo emblandece– fuera capaz de limpiarle las ganas. Entusiasmado y cantando, el corredor así caló.
La cita era a las once en el Paseo de San Antonio, lo cual le emocionaba en gran manera.
Previsor como él solo, el corredor se dirigió a su destino sobre dos zapatos deportivos que tomó tras haberlos medido, pero sin medir las consecuencias, plasmadas en un desplazamiento despacio de tiempo y de espacio.
San Ignacio inclinó su fachada hacia atrás unos grados para mirar, con agrado, como el corredor salía fastuoso hacia la meta, dejando todo, con un dejo de victoria.