Si correr dicen que es de cobardes, nosotros lo somos y a mucha honra.
Corremos como quien huyó de Ucrania, como quien por fin pone tierra de por medio con su maltratador, como quien escapa de un ataque de Hamas o Boko Haram, como quien tiene a la muerte por hambre pisándole los talones, como quien perdió su casa y a varios seres queridos bajo bombardeo israelí, como quien cree en un Dios distinto al de sus fanáticos vecinos, como quien sufre su calvario en silencio o un conflicto que el mundo ignora, como quien no entra al juego de las mafias, como quien vive una guerra civil en su país (o en su familia), como quien es perseguido por los fantasmas de su pasado o los monstruos de su presente.
Corremos como ellos y por ellos, porque creemos que los verdaderos cobardes son quienes les obligan a correr.