27 DE DICIEMBRE DE 2026

Correr en la San Silvestre Salmantina fue el sueño de Lucas, posiblemente, desde que se estaba implantando en el útero materno. Lograrlo, sin embargo, incluía rebasar dos mil kilómetros y cierto nivel de miseria. Por eso había arrimadoa los sesenta años con las aspiraciones frustradas. Aquella mañana Lucas despertó extrañamente decidido. En el plazo de un mes empezó a aceptar todo tipo de trabajos. Luegoinició la venta de libros, manualidades, ropas, utensilios y muebles. Incluso ofertó la casa.Invadido por la desesperación puso en alquiler a su mujer e hijos.El último domingo de diciembre llegó y Lucas se regocijabacon su breve fortuna en Salamanca.Minutos antes de iniciar la carrera y una vez ubicado en el punto de partida recordó algo: también había vendido las piernas.