Correr en la San Silvestre Salmantina fue el sueño de Lucas, posiblemente, desde que se estaba implantando en el útero materno. Lograrlo, sin embargo, incluÃa rebasar dos mil kilómetros y cierto nivel de miseria. Por eso habÃa arrimado a los sesenta años con las aspiraciones frustradas. Aquella mañana Lucas despertó extrañamente decidido. En el plazo de un mes empezó a aceptar todo tipo de trabajos. Luego inició la venta de libros, manualidades, ropas, utensilios y muebles. Incluso ofertó la casa. Invadido por la desesperación puso en alquiler a su mujer e hijos. El último domingo de diciembre llegó y Lucas se regocijaba con su breve fortuna en Salamanca. Minutos antes de iniciar la carrera y una vez ubicado en el punto de partida recordó algo: también habÃa vendido las piernas.