27 DE DICIEMBRE DE 2026

Era real. Estaba lloviendo. Una felicidad inmensa invadió mi cuerpo en ese instante. Las gotas de agua se deslizaban por mi cara al correr. Sentí de nuevo esa sensación de libertad casi olvidada. Quería calarme hasta los huesos. Brinqué con los brazos abiertos. Chapoteé cada charco. Corrí como nunca. Gané. Estaba eufórico. Y no era para menos. Hacía años que la lluvia no se dejaba ver por nuestra tierra. El clima había cambiado y con él nuestro modo de vida. Pero yo, lo que más echaba de menos, era correr bajo la lluvia.