Marina sintió los latidos de su corazón en las sienes. Eso solo le ocurrÃa cuando estaba al lÃmite o cuando tenÃa miedo.
Lo primero, buscar su lÃmite, era una sensación que habÃa descubierto hacÃa poco, desde que entrenaba carrera. Correr hasta que el aire le quemaba los pulmones era otro indicador de que estaba llegando al lÃmite. Sin embargo, con cada zancada ganaba más seguridad. Cada kilómetro le daba mayor libertad. Cada meta representaba un objetivo cumplido.
Aquella mañana en Salamanca, Marina contempló con una sonrisa el colorido de la ciudad. El aire helado movÃa los banderines del trazado. Mientras corrÃa la San Silvestre, disfrutó del calor del público. Al ver a su marido entre la muchedumbre supo que los latidos en las sienes ya no eran por el miedo.