Bajé las escaleras al trote, no podÃa esperar a que llegará el ascensor. Mi madre, disimulando la emoción que le producÃa mi júbilo infantil, aguardó paciente a que llegara la eficaz máquina. Yo la esperaba en el rellano con la puerta abierta, oyendo ya el murmullo de la gente que acudÃa al Paseo de San Antonio. Me agarró de la mano y seguimos la misma dirección que aquel desfile alegre de zapatillas de colores que me habÃa cautivado desde niño.
Mamá habÃa participado otros años como atleta de élite, pero este año mi regalo de Navidad era correr junto a ella la Sansil. Me sentÃa muy afortunado porque esto era una cosa entre los dos. Mamá no me lo decÃa, pero le enorgullecÃa que yo, el más pequeño de sus hijos, hubiese elegido el atletismo como disciplina deportiva. Su deporte. Nuestro deporte. ¡A correr!