27 DE DICIEMBRE DE 2026

Bajé las escaleras al trote, no podía esperar a que llegará el ascensor. Mi madre, disimulando la emoción que le producía mi júbilo infantil, aguardó paciente a que llegara la eficaz máquina. Yo la esperaba en el rellano con la puerta abierta, oyendo ya el murmullo de la gente que acudía al Paseo de San Antonio. Me agarró de la mano y seguimos la misma dirección que aquel desfile alegre de zapatillas de colores que me había cautivado desde niño.
Mamá había participado otros años como atleta de élite, pero este año mi regalo de Navidad era correr junto a ella la Sansil. Me sentía muy afortunado porque esto era una cosa entre los dos. Mamá no me lo decía, pero le enorgullecía que yo, el más pequeño de sus hijos, hubiese elegido el atletismo como disciplina deportiva. Su deporte. Nuestro deporte. ¡A correr!