Tengo 60 años y hoy, último dÃa del año, me dispongo a recorrer la distancia de 10 kilómetros de la San Silvestre Salmantina, en la categorÃa femenina para mayores de 45. Respiro hondo y cierro los ojos visualizando el recorrido como si volara sobre el asfalto. Me siento ligera, aunque mis zapatillas parezcan aferrarse al suelo. Desde que era pequeña, me veo corriendo a todas partes- haciendo recados a mi madre- como si el mundo fuera diminuto o se ampliara a mi alrededor en cada zancada. Correr es estar con uno mismo y con los demás, es solidaridad y sacrificio, aunque desde mi lesión, me suponga más esfuerzo. Me concentro en la respiración, mientras el aire frÃo me da en la cara. Escucho los latidos de mi corazón y el eco de los gritos de ánimo. El tiempo desaparece y vuelvo a tener diez años al llegar a meta.