27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me encuentro en la salida rodeado de miles de personas compartiendo con ellos el ambiente cargado de adrenalina. Con ojos curiosos los observo. No puedo dejar de sonreír, estoy donde pertenezco y donde nunca debí dejar de estar. Con el pistoletazo de salida mi cuerpo vibra y toda la energía contenida se libera haciendo que se active y salga disparado. Es un momento intenso que contrasta con la exhausta y emotiva satisfacción que sé que sentiré cuando llegue a meta. Una vez que encuentro mi hueco las primeras zancadas me devuelven a mis veinte años, fuerte, capaz de comerme el mundo. Por aquel entonces la vida me hizo colgar las zapatillas, veintidós años después un cáncer me hizo desempolvarlas. Volví a correr porque sabía que era mi mejor arma y que, kilómetro a kilómetro me volvería invencible. El dicho miente, correr no es de cobardes.