Correr es sentir la fuerza de mis pies recorriendo grandes distancias, sentir como el viento acaricia mi pelo con gran delicadeza e incluso a veces, notar como la lluvia moja mi cara.
El sonido de las zapatillas pisando fuerte el asfalto, dejando atrás la salida para alcanzar la meta, tal como la vida misma.
El deseo de iniciar una carrera, de sentir los latidos de los corazones de mis compañeros antes de que den la salida, es lo que me impulsa a levantarme cada día.
El atletismo, el único amor verdadero. El que engancha, el que hace soñar.
Correr para espantar los miedos, intentar alejarse de ellos y dejarlos atrás.