27 DE DICIEMBRE DE 2026

Sabía de madres que amenazan con lanzarse al tren, con tomar pastillas o tirarse por el balcón. La mía siempre advertía que un día saldría corriendo. Y lo hizo.
Primero dio una vuelta a la manzana, pero enseguida volvió a hacer la cena y echar las lentejas en remojo antes de acostarse. Otra vez, también harta, recorrió todo el barrio. Luego se apuntó a una carrera de madres. Después, de personas en general. Llegaron las populares. Y su vida se fue llenando ahora de maratones. Una tarde habló de correr el Camino de Santiago. Mi padre gritó que ya se estaba pasando. Ella no contestó, después de quitarse el chándal, se puso a limpiar la campana extractora. Un atardecer no volvió. Papá, que nunca entendía nada, se fue a Galicia a buscarla. Pero yo cada noche me tumbo mirando el firmamento, esperando verla pasar corriendo, feliz por la Vía Láctea.