Recuerdo cuando caminaba con los grilletes puestos. Eran grilletes invisibles, pero muy pesados. Recuerdo ir a un parque con mi hijo y sentarme en la hierba. Él salÃa a correr y yo lo esperaba leyendo prensa. VeÃa a los que corrÃan y pensaba que no tenÃa sentido hacerlo. Ahora no hay dÃa que no salga con sus zapatillas puestas un rato al parque. No hay dÃa que no piense en mi hijo, y que no intente atraparlo justo delante de mà cada mañana. Cuando me arden los pulmones, cuando quiero detenerme a llorar, él sigue ahà delante, se gira y me pide que le siga, que no me pare. Ya no tengo grilletes, soy parte del viento, como él.