En mi casa todos practican el atletismo: unos corren detrás de los niños, otros saltan los obstáculos de la vida, y yo sólo corría para no perder el autobús, pero aquella tarde de invierno mi vida cambio al inscribirme en la carrera de San Silvestre Salmantina, porque sabía que participaba la chica que me gustaba. Desde entonces han pasado seis años, procuro practicar hábitos saludables, he aprendido a valorar el deporte, y aunque sigo llegando de los últimos, me siento un ganador, porque tras tirar a la chica que me gustaba al suelo, pisarla, y hacerle un esguince de tobillo, conseguí una cita con ella y en tres días nos casamos.