El aire golpea mi cara, suave y fresco, llenando mis pulmones de una gran sensación de libertad. Cuando corro, soy fuerte, cuando corro, no existen todos mis problemas, cuando corro, es imposible que tenga frío. Siento que vuelo cada vez que mis pies despegan del suelo, y cada vez que adquiero velocidad me olvido de que el tiempo existe, y simplemente disfruto, tal y como hago ahora en la carrera. No me importa perder, pero no puedo negar que pasar el segundo la línia de meta me llena de una gran satisfacción, mientras todos me animan. Dejo de correr, y cansado, aturdido y sediento vuelvo a la realidad, que me hace desear la San Silvestre del próximo año con más ganas todavía.