Existen muchos motivos para correr y Aitor, cómo adolescente que es, conoce todos los malos: los problemas, las amenazas, los golpes… Pero hoy, mientras se ajusta las zapatillas nuevas, aunque no entiende bien lo que siente, sabe que no es miedo. Ni empieza en la nuca ni hace nudo en el estómago. No, esto sale del pecho y vibra hacia cada músculo. Es nuevo, distinto.
La gente a su alrededor va y viene, estira, mira al cielo y al reloj alternativamente. Gente que lleva haciendo esto desde antes de que él naciese y que seguirá haciéndolo cuando él ya no pueda más.
Aitor conocerá hoy el motivo para correr que cambiará a mejor su vida, y como sucede con todo lo importante, no será consciente de ello hasta que dentro de muchos años recuerde este día; el día en que descubrió lo que significa correr solo porque quieres y puedes.