Llegaba el momento de ponerse el dorsal al pecho, el animador de la carrera alertaba del comienzo inminente, los nervios a flor de piel y como siempre, se pinchaba un dedo con el imperdible, pero se lo tomaba con humor y como un espoletazo que lo hacÃa dirigirse decidido hacia la salida. Esta vez serÃa virtual, pensó para sà mismo un poco cabizbajo. De ninguna manera, se dijo, pinchándose levemente con tino mientras el reloj de la catedral daba la salida a campanadas. Haciendo de la necesidad virtud, habÃa ideado una San Sil a contrarreloj, tomando la salida con la distancia justa a casa y el tiempo próximo al previsto. Los últimos metros apretaba el ritmo, a cuatro y bajando, el toque de queda se echaba encima, las llaves del portal en la mano y un destello azul neón palpitante iluminó su foto finish en la puerta del ascensor.