Juan Francisco necesitaba recuperarse de su terrible fractura a la tibia. Para ello era de conocimiento que el amor de su vida Jimena estaba esperandolo para su tratamiento en Salamanca. El era hincha del equipo de esa ciudad porque su idolo fue Chemo Del Solar, peruano como el mismo. El miedo a recuperarse hizo que desafiara con una promesa: el corer vendado los ojos la Carrera San Silvestre Salmantina. El miedo le paralizaba a veces sus piernas recuperadas, pero habia que agradecerle a Dios que nos da la oportunidad de vencer las trabas del camino, cruza la meta, no importaba el lugar o el tiempo, solo una sonrisa de su amada al verlo cruzar y sacar de su zapatilla un anillo de compromiso para correr junto a ella la mejor competencia de la vida, la mejor.