27 DE DICIEMBRE DE 2026

El 31 de diciembre de 2025, Salamanca amaneció vibrante, envuelta en un aire festivo que recorría sus calles de piedra. Era el día de la San Silvestre Salmantina, una tradición que unía a corredores, familias y curiosos bajo el mismo propósito: despedir el año con alegría y esfuerzo compartido.

Yo, estudiante de cuarto de la ESO, me había inscrito casi por impulso, sin imaginar lo que sentiría al estar allí. Al comenzar la carrera, el frío me golpeó el rostro, pero pronto fue reemplazado por una emoción cálida, una mezcla de cansancio y entusiasmo. Las risas, los aplausos y las luces reflejadas en el Tormes creaban una escena casi mágica.

Cuando crucé la meta, no me importaron los minutos ni el puesto. Lo importante era estar allí, formando parte de algo más grande que una simple carrera: una despedida luminosa del año y un nuevo comienzo lleno de esperanza.