27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ella tan diosa y yo un simple mortal. ¿Mi pecado? Haberme enamorado perdidamente de su belleza sin par. Un nefasto día terminamos y, no le bastó con irse, me abrió el pecho y se robó mi corazón, dejándome completamente vacío. Llevo semanas buscándolo en países, planetas y galaxias enteras; hasta que me cuentan que lo han visto en España. Una emoción indescriptible me embarga, mientras mis pies alados surcan raudamente las calles de Salamanca. Un mar de atletas “vuela” a mi alrededor. ¿Qué sucede? Alguien grita que se trata de la maratón “La San Silvestre Salmantina”. Tantos años de espera y, por fin, presente en una prueba marcada a fuego; pero a mí solo me importa recuperar algo que me pertenece y que se encuentra levitando en la mismísima meta. No obstante, al verlo de cerca, retrocedo horrorizado. Ya no es un corazón que irradia puro amor, sino uno podrido.