Ella tan diosa y yo un simple mortal. ¿Mi pecado? Haberme enamorado perdidamente de su belleza sin par. Un nefasto dÃa terminamos y, no le bastó con irse, me abrió el pecho y se robó mi corazón, dejándome completamente vacÃo. Llevo semanas buscándolo en paÃses, planetas y galaxias enteras; hasta que me cuentan que lo han visto en España. Una emoción indescriptible me embarga, mientras mis pies alados surcan raudamente las calles de Salamanca. Un mar de atletas “vuela†a mi alrededor. ¿Qué sucede? Alguien grita que se trata de la maratón “La San Silvestre Salmantinaâ€. Tantos años de espera y, por fin, presente en una prueba marcada a fuego; pero a mà solo me importa recuperar algo que me pertenece y que se encuentra levitando en la mismÃsima meta. No obstante, al verlo de cerca, retrocedo horrorizado. Ya no es un corazón que irradia puro amor, sino uno podrido.