27 DE DICIEMBRE DE 2026

Un tímido sol de diciembre acaricia el asfalto mojado del Paseo San Antonio. Las zapatillas se alinean ansiosas. No han sido convocados; se han inscrito voluntariamente, aunque la presión de los diez kilómetros hace dudar hasta a los más valientes.
Detrás del “cajón de élite”, se colocan los aficionados. Un médico de mediana edad, que ha logrado reponerse de un ictus, se ajusta el dorsal con manos temblorosas. A su lado, un joven aspirante a guardia civil, con equipación recién estrenada, calienta motores. Detrás, unos jóvenes disfrazados de personajes de Disney ríen frente a la pantalla del móvil, adoptando posturas artificiales. Una muchedumbre variopinta de corredores espera la señal.
Cuando suena el pistoletazo de salida, la marea humana se lanza a correr, mientras otros bailan, alguno tropieza, ríen. Entre aplausos y gritos, cada paso es una pequeña victoria. No todos buscan llegar primeros. Para muchos, llegar ya es ganar.