Cuando le dieron el número 24 para su dorsal tuvo una epifanÃa. Contempló millares de antorchas en el cielo. Supuso, que la más brillante correspondÃa al Papa Clemente qué, asà como él mismo, habÃa tenido que lidiar con intrigas polÃticas y conflictos bélicos. SerÃa su primera carrera Salmantina. SonreÃa al saber que al cruzar la lÃnea de meta qué era la del tiempo, honrarÃa con el nuevo año los 23 de papado que supo tener el santo. Sólo se lamentaba por aquellos que habÃa dejado atrás, a más de 7000 kmts, los que corrÃan para esconderse, buscando salvar sus vidas en su patria natal. CorrerÃa en honor de todos ellos, pues el número en su dorsal le recordaba demasiado aquel aciago dÃa de febrero en que todo se perdió. CorrerÃa como un ciudadano del mundo. Cada paso que diera, serÃa un paso más en honor a la civilización.