A pesar de ser consciente que el cordón de la zapatilla está desatado solo puedo seguir en busca de una avenida que tarda en aparecer. Los árboles de un parque regalan cobijo a gorriones. Corro. El sudor vence la helada y tropiezo con cartones y sirenas. Adelanto al jolgorio de una abrigada charanga, esquivo una enorme bandera y a un tipo disfrazado de Papa Noel.
Salto de una a otra esquina. Corro veloz.
Sorteo una motocicleta al cruzar una calle, trastabillándome.
Me extraña que nadie grite asustado al sentir mi correr desbocado, sobretodo cuando ya estoy tan cerca… me cuelo entre una ristra de gente y justo tras la valla aparece la silueta de Papá haciendo un grandioso esfuerzo continuado en su participación en la gran prueba salmantina. He tenido la fortuna de llegar a tiempo para soltarle unas palabras de: !Ãnimo!