27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llegó el 28 de diciembre tan esperado. Manolo, el entrenador, nos había preparado los últimos 3 meses para los 10 kilómetros de la San Silvestre Salmantina. José Ramón, María del pilar, Xóchitl y yo estábamos eufóricos.
––Dame tu collar y tus pulseras ––me ordenó Manolo.
––No ––le repliqué ––son los amuletos de la buena suerte, me los regaló mi padre ayer por ser mi cumpleaños.
––¡Mira que te van a pesar en la carrera, sobre todo en la subida larga de la avenida de Villamayor.
––¡No!, Aunque estén gruesas, yo puedo correr con ellas, ¡son de oro de 24 kilates!
––¡Como quieras!
A 100 metros de la recta final, en el Paseo de San Antonio, todos comenzaron a rebasarme sin consideración. Apreté el paso y entonces sentí el peso del oro que iba socavando mis piernas hasta que llegué en penúltimo lugar. ¡Cuánta razón tenía Manolo!