Era un dÃa de 1984 y un joven murmuraba mientras se ponÃa el dorsal número 389. ¿Por qué le habrÃa tocado el último? ¿Indicaba esto que tendrÃa Prosperidad en la carrera, que ganarÃa? Una vez que dieron la salida, corrió por las calles de su amada Salamanca, envuelto en las Delicias que presentaba la ciudad –y que todos sus habitantes ya conocen. Después de dos barrios, pasó por delante de una Iglesia, donde se colaba el sol enfocando a una mujer que rezaba a San Isidro. Fantaseó con que, si llegaba el primero, quizá lo esperaran con la alfombra hecha un Rollo color burdeos que se extenderÃa a su llegada. Cómo iba a imaginarse el ganador de ese año que hoy serÃamos más de 6500 personas acompañando a la querida Sansil.