La ambulancia se aproxima. Una zapatilla y un dorsal para la San Silvestre, ensangrentados. A cincuenta metros, el cuerpo inmóvil de Andrés. Piensa en MarÃa, su amor, cuando atraviesa corriendo la calle. Mira, como todas las mañanas, la figura de piedra del jardÃn, por si se ha movido. Baja a desayunar con el chándal puesto. Se da una ducha. Se levanta. Suena el despertador. Recibe un whatssap de MarÃa, que rompe con él.