CUENTO DE NAVIDAD, MÃS O MENOS
La joven observó el pavimento del Paseo de San Antonio. Sus pies, dos islas en medio de un bosque de zapatillas de colores, contrastaban con su ánimo sombrÃo.
Todas sus amistades, emparejadas o en ciernes, tenÃan otros compromisos el último domingo del año. Esa noche regresarÃa a casa temprano, sola.
Él, por primera vez, decidió bajar a pie de calle para contemplar de cerca esa nueva edición de la San Silvestre Salmantina, al fin presencial tras la pandemia.
Si ella, absorta en su pesadumbre, no hubiese mirado al suelo, habrÃan tropezado. Sintió el impulso de besarlo. La magia hizo el resto.
Sorprendió a su madre con un invitado para cenar, apuesto como un prÃncipe.
Turistas y lugareños nunca se explicaron cómo pudo desaparecer. La fachada plateresca de las Escuelas Mayores de la Universidad amaneció sin su célebre rana, en realidad, sapo.