27 DE DICIEMBRE DE 2026

La temperatura no había subido lo suficiente para caldear la mañana. Pero el ambiente no podía ser más acogedor. Multitud de espectadores se agolpan a un lado y a otro.
El haberme preparado a conciencia estaba resultándome rentable, mi ritmo era bueno y hasta podía disfrutar del recorrido.
Precisamente el recorrido fue una de las causas para decidirme a correr. Salamanca no es cualquier ciudad y trotar por ella un día tan emblemático como hoy es un verdadero privilegio. La otra razón era mi madre.
Allí está, agita la mano enfundada en sus eternos guantes grises de piel. Lo llevas en la sangre, hijo, me comentó cuando supo que me había inscrito.
Ella se encontraba en el mismo lugar que hoy, en el año 1984, cuando sintió que el momento de parir había llegado y allí en medio de corredores y público respiré por primera vez.