27 DE DICIEMBRE DE 2026

Una punzante descarga eléctrica golpeó al gemelo de la pierna derecha de Rodrigo. Un kilómetro le separaba del Paseo de San Antonio. “Déjalo”, se dijo pensando con lógica en el vil dolor. Por un momento odió al asfalto; al agrio sudor que nublaba su visión impidiéndole abrir los ojos; a la repentina percepción del frío invernal. Durante ese fugaz instante, nada tenía sentido. “Déjalo”, repitió con la vista puesta en la cena de Nochevieja, en la familia, los amigos; en la calidez de la Navidad en general. Pero ni Rodrigo iba a rendirse, ni el gran gentío de Salamanca a permitírselo. Sus reconfortantes vítores eran mucho más de lo que había tenido en situaciones peores durante las largas sesiones de entrenamiento previas celebradas en absoluta soledad espartana. “¿Déjalo?”, pensó una última vez con congoja; un corredor nunca deja una cita con sus propios objetivos.