Cierras los ojos y todo arde. Cierras los ojos y te aislas, dejas de escuchar los gritos y los aplausos de apoyo, los ojos curiosos, inquisitivos y expectantes desaparecen. Disparo. Antes de abrir los párpados ya estás volando. Notas la electricidad que recorre tu cuerpo y ves las chispas bailando una vieja canción sobre la pista de tu sudor. Eres el dueño del tiempo, eres el amo de viento, amigo del asfalto y amante de la presión. Vencedor absoluto de los límites, rompedor de estadísticas, alzándote cual rey ganador del ajedrez escuchas los vítores antes de llegar a la meta. Jaque –mate, lo has logrado. Levantando el trofeo contemplas la pista soñando con su cercanía de nuevo.