Siempre le gustó correr. Empezó en el colegio, y poco a poco fue subiendo categorÃas y ganando premios. A veces, la falta de aliento por un catarro mal curado le hacÃa detenerse en su carrera. No le daba importancia. Respiraba hondo y seguÃa hasta la meta.
Correr en la San Silvestre era su sueño. Toda la ciudad arremolinada ante aquel espectáculo de deporte y color. Él querÃa sentirse parte de ello. Con dieciséis años se apuntó con los mayores. Su ilusión más grande.
Y corrió y corrió. Pero una tos de frÃo diciembre le detuvo. Estaba débil por dentro. No lo sabÃa. Nadie lo sospechaba.
Y ya no pudo continuar. HabÃa llegado al lÃmite. A la meta final.
Y dio su corazón. Y dejó su esfuerzo y su ilusión como regalo a todos los que, entre vÃtores y aplausos, siempre están ahÃ, animándote a seguir.