27 DE DICIEMBRE DE 2026

Siempre le gustó correr. Empezó en el colegio, y poco a poco fue subiendo categorías y ganando premios. A veces, la falta de aliento por un catarro mal curado le hacía detenerse en su carrera. No le daba importancia. Respiraba hondo y seguía hasta la meta.

Correr en la San Silvestre era su sueño. Toda la ciudad arremolinada ante aquel espectáculo de deporte y color. Él quería sentirse parte de ello. Con dieciséis años se apuntó con los mayores. Su ilusión más grande.

Y corrió y corrió. Pero una tos de frío diciembre le detuvo. Estaba débil por dentro. No lo sabía. Nadie lo sospechaba.

Y ya no pudo continuar. Había llegado al límite. A la meta final.
Y dio su corazón. Y dejó su esfuerzo y su ilusión como regalo a todos los que, entre vítores y aplausos, siempre están ahí, animándote a seguir.