Por fechas de la San Silvestre Salamantina, mi padre ingresó por su último dÃa de vida a causa del cáncer que le detectaron hace seis meses. Me llamó para hablar conmigo, entré triste, pero con fuerzas. Con voz pálida y airosa me dijo. -Hija cuando falte en tu vida quiero que hagas una cosa por mÃ-. Le observé. – ¿Qué quieres que haga papá? – Respondà llorando. -Quiero que ocupes mi puesto en la San Silvestre, como yo ocupé el puesto del abuelo durante años-. Acepté el trato con emoción. Al cabo de dos horas mi padre falleció agonizando en la. Pasó un año cuando volvió a ser la San Silvestre Salamantina. Me coloqué mi dorsal acordándome de mi padre. Cuando llegué al Paseo de San Antonio me coloqué en la salida. Antes de que dieran la salida, miré al cielo y dije con lágrimas -Esto es por ti, papá-.